Cae otra tarde lluviosa y gris
en la última hoja del calendario
mientras observo desde mi ventana
los gruesos goterones que azotan el suelo
mi mente escapa y comienza a hacer síntesis
de doce hojas y más de trescientos días.
Con el ruido de la lluvia me envuelve
una serena y placentera paz.
Ya no quedan dolores,
sólo nuevos sueños que comienzan a asomar
desde la antigua cordillera.
Contradiciendo eruditos diagnósticos,
lapidarios informes de perpetua frustración
me siento absolutamente curado,
el corazón otra vez está en paz.
Desafiando la torrencial lluvia
llegan otra vez las mariposas,
a recordarme que llega otro verano,
caigo en la cuenta que sigo vivo
y aún hay tiempo y espacio
para correr en pos de otros sueños.
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