
Hace unas cuantas horas
eran apenas pequeños brotes
que tímidamente emergía
junto a la empañada ventana.
Desafiantes y autosuficientes
como dos tiernos críos
que no temen a los cercanos trancos
de presurosos transeúntes.
Como dos nacientes brazos
se aferraron uno al otro
y se alzaron al cielo
trepando por los viejos muros
sin que nadie pudiera desliar
lo que ahora es una enorme
e imponente enredadera.
En el sin respeto de este lío
no hubo tiempo ni espacio
para reparar en los parásitos
que ahora amenazan
con derrumbar todos los sueños.
Justo ahora que el cielo
se veía tan cercano,
y el recuerdo de días solos
se perdía con la última
hoja del calendario.
Demasiado tarde es ahora
para corregir el enredo,
temo que la mano del hortelano
en su intento de arrancarte
de mis ya fuertes brazos,
termine por destrozar
algo más que a esta torpe
y estúpida rama seca,
que otra vez se lío
a quien no le pertenecía.
eran apenas pequeños brotes
que tímidamente emergía
junto a la empañada ventana.
Desafiantes y autosuficientes
como dos tiernos críos
que no temen a los cercanos trancos
de presurosos transeúntes.
Como dos nacientes brazos
se aferraron uno al otro
y se alzaron al cielo
trepando por los viejos muros
sin que nadie pudiera desliar
lo que ahora es una enorme
e imponente enredadera.
En el sin respeto de este lío
no hubo tiempo ni espacio
para reparar en los parásitos
que ahora amenazan
con derrumbar todos los sueños.
Justo ahora que el cielo
se veía tan cercano,
y el recuerdo de días solos
se perdía con la última
hoja del calendario.
Demasiado tarde es ahora
para corregir el enredo,
temo que la mano del hortelano
en su intento de arrancarte
de mis ya fuertes brazos,
termine por destrozar
algo más que a esta torpe
y estúpida rama seca,
que otra vez se lío
a quien no le pertenecía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario