Oigo un susurro,
una voz suave que trae el viento,
una nota escrita
sobre unos peñascos milenario
que han sido leídos
por viejas y eruditas gaviotas.
El mar me está invitando
a un aquelarre de taciturnos pensadores
que buscan mojar sus calzados
para conseguir respuestas
que son arrojadas por las olas
en su incesante danza.
Soy un prisionero de guerra
que ha quedado derrotado
junto a la antigua cordillera.
Un manojo de sueños
que permanecen amuñados
en un puño ya cansado,
que prefiere morir
antes que renunciar a todo aquello
por lo que consideró acertado luchar.
Acudiré a ese encuentro,
aunque para ello,
tenga que emprender nuevas luchas.
No renunciaré a los sueños,
aunque para ello sea preciso
dar golpes homicidas.
Tal vez otros impensados,
sean ahora los aliados,
que faciliten los caminos
hasta el sitio en que moje mis zapatos,
renueve el espíritu,
clarifique mi mente
y me haga olvidar
tanta mierda
con la que me he contaminado.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario