jueves, 2 de abril de 2009

cuatro

Cuatro cántaros de agua
ha refrescado mi negra cabellera
cuando el quemante sol del mediodía
nos observaba desde el mismo centro
de la copa de vetustos y torcidos años.

Cuatro cántaros de agua
que se deslizan sobre la reseca huella
de cuatro heridas que una pala
también añosa y de mal aspecto
ha infringido en la reseca tierra.

Cuatro señales de vida
que se entrecruzan una tarde de abril
con cuatro antiguos sueños y unas cuantas
esperanzas que continúan bailando
una irónica sinfonía inconclusa.

Cuatro vidas, cuatro historias,
cuatro amores, cuatro olvidos,
cuatro nuevos horizontes
tras estos cuatro mares
que me falta aún por descubir.

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