jueves, 28 de agosto de 2008


El mar trae ruidos
pero el ruido no trae respuestas,
las olas alocadas
se acercan una y otra vez
sin que llegue hasta mis pies
alguna botella portadora de un mensaje.
Barcos de otras banderas
se aproximan demasiado,
pelícanos, alcatraces
juegan en el agua,
las gaviotas entonan himnos
que evocan otra despedidas.
Desde el cielo han sido colgadas
casas multicolores,
luces que iluminan las noches.
En este puerto hago testamento
pido perdón a quien se ha defraudado,
doy gracias a aquellos de los que
todo lo que soy lo he aprendido.
Dejo en estas costas
lo que de mi constituya buenos recuerdos
y ato a algún crustáceo
lo que pueda empañar
lo que he sido.
Invoco alguna sirena
capaz de desprenderse de su cola
que me acompañe en el nuevo viaje.
Voy dejando la arena empapada
muchas lágrimas regaron la arena
pero tierra salada y lagrimas saladas
no engendran nueva vida.
El corazón, no lo dejo, ni lo llevo
ya no es mío,
se quedó enredado en otra parte.

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